sábado, 20 de junio de 2020

LA ESPIRITUALIDAD CONYUGAL Y FAMILIAR


ESPIRITUALIDAD: LA VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU[1].

Si existe un acontecimiento novedoso en el cristianismo éste es la efusión del Espíritu Santo en nuestros corazones. Constituye el acontecimiento fundamental y fundante de la “nueva vida en Cristo” y, por consiguiente, de la espiritualidad cristiana. Si en el Antiguo Testamentos los mandamientos de la Ley de Dios estaban escritos en tablas de piedra, ahora el Espíritu Santo se constituye en el Maestro interior del cristiano, guiándonos en nuestro corazón. La Ley de Moisés se distingue de la Ley nueva de Cristo en que aquélla se limitaba a indicar los caminos para alcanzar la santidad, mientras que ésta no sólo los indica, sino que también nos comunica la gracia necesaria para vivir como hombres y mujeres nuevos.

A través del Bautismo, el cristiano recibe la gracia santificante, mediante la cual Cristo realiza una re-creación en la persona: el nacimiento de un hombre nuevo, capaz de vivir en la fe, la esperanza y el amor. Cristo nos hace partícipes de su mismo amor, capacitándonos para amar con el mismo corazón perfecto con que Cristo ama. La caridad teologal (la capacidad de amar que el Espíritu infunde en nuestro corazón) constituye el resumen y la forma de la vida cristiana, la santidad perfecta y el culmen de la espiritualidad cristiana, incluida la propia de los esposos. La espiritualidad cristiana consiste en dejarse guiar con docilidad por el Espíritu Santo y dejarnos llenar del amor que Él suscita en nosotros.

ESPIRITUALIDAD CONYUGAL, PARA CUMPLIR LOS FINES DEL MATRIMONIO.

Podríamos definir la espiritualidad conyugal como el camino espiritual mediante el cual un hombre y una mujer, unidos por el sacramento del Matrimonio, se abren a la acción de la gracia, crecen juntos en la fe y el amor, y dan así testimonio, ante los hijos y al mundo, del amor de Cristo.

Todo comienza en la medida que vamos descubriendo cada día la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas y en nuestro matrimonio. La espiritualidad conyugal tiene como motor la caridad que el Espíritu infunde en el corazón del cristiano. Por eso la espiritualidad del matrimonio y de la familia se sintetiza en la vivencia de la caridad conyugal y familiar.

La espiritualidad que debe vivir todo cristiano no se da en abstracto, sino siempre desde una vocación específica, según el carisma eclesial o estado de vida propio. Vosotros, queridos novios, os estáis preparando para vivir la espiritualidad cristiana en la versión singularísima de la vida conyugal y familiar. Se trata de un camino de santificación en común, porque “ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19,6).

La vocación a la santidad es propia de cada esposo. Pero cuando un varón y una mujer bautizados están unidos por el sacramento del Matrimonio, es lógico que ambos se conviertan en ayuda o, por el contrario, en estorbo en el camino de la mutua santificación. De ahí que el Concilio Vaticano II ampliara el concepto del fin del matrimonio como ayuda mutua de los esposos. No sólo se trata de una ayuda en el perfeccionamiento mutuo, mediante el amor conyugal, sino que esto coincide con la santificación en común y mutua. En virtud de la “comunión de los santos”, el pecado o las obras buenas de cada cristiano revierte en la santificación del resto de los miembros de la Iglesia. Esto, que es verdad para todos, lo es singularmente para los que están casados y viven bajo un mismo techo. “Por ello, los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios” (GS 48 d).

Algo análogo hay que afirmar para el fin procreador del matrimonio, que no se limita a procrear los hijos y a educarlos convenientemente, sino también incluye la trasmisión de la fe y el cultivo de la vida sobrenatural de los nuevos hijos de Dios, destinados a heredar el cielo. Los hijos no son un estorbo para el crecimiento del amor de los esposos, sino que contribuyen a su bien: –son corona y cumbre de su amor- (GS 48; 50). Por consiguiente, la dimensión fecunda del amor –a nivel natural y sobrenatural- constituye otra de las características fundamentales de la espiritualidad de los esposos que, por extensión, pasa de ser de conyugal a familiar, y viceversa.

ESPIRITUALIDAD FAMILIAR DE COMUNIÓN.

La familia constituye la primera experiencia de comunión para cada ser humano. Ella refleja el misterio de comunión de amor entre las Personas divinas. Y así como el Espíritu santo es la Persona que procede del amor personal entre el Padre y el Hijo, así, de modo análogo, el hijo constituye la personificación del amor personal de los esposos. La comunión matrimonial entre los esposos tiende a traducirse, como fecundidad personificada, en el hijo. Una fecundidad que se amplía, en otro sentido, a los demás miembros que viven en la familia o que se benefician del amor de la familia.

MEDIOS ESPIRITUALES.

Entre los diversos medios para vivir la espiritualidad conyugal y familiar, destacamos:

1- Lectura diaria, meditación y comentario de la Palabra de Dios, que nos aportará luz y calor. En especial, en los evangelios encontramos el proyecto de vida que Cristo nos propone. Realizada en familia, la meditación del Evangelio aumenta la comunicación y el amor entre los esposos, y con los hijos.

2- La oración frecuente. La escucha de la palabra de Dios nos abre a la oración. Orar es contemplar a Dios, que nos ama tanto, alabarlo, darle gracias por los bienes recibidos, y pedirle perdón y ayuda para superar nuestras dificultades. Nuestra vida ha de ser una permanente conversación con Jesucristo, con Dios Padre y con el Espíritu Santo.

3- Participación frecuente en la Eucaristía. Matrimonio y Eucaristía son dos sacramentos que caminan juntos. En los dos está incluido, a la vez, el ser amado y el amar a los otros. “He aquí que estoy a la puerta y llamo, si alguien me escucha, y me abre, entraré y cenaremos juntos” (Ap 3,20). La participación en la celebración eucarística, sacramento del amor, hace crecer la comunión conyugal; y transforma a la familia entera en escuela de comunión.

4- Acercarse con frecuencia al sacramento de la Reconciliación, el perdón de Dios renueva y fortalece el amor conyugal y de la vida familiar.


[1] Delegación Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida. Diócesis de Cadiz y CEUTA. Catequesis de preparación al matrimonio y a la vida de familia. Pag. 58 - 60.

VIRTUDES QUE FORTALECEN LA VIDA MATRIMONIAL


LAS 12 VIRTUDES QUE FORTALECEN EL MATRIMONIO[1].

Las virtudes son hábitos que perfeccionan al ser humano, mientras que los vicios son hábitos que lo rebajan a una condición animal.

Un matrimonio que estable y duradero se fundamenta en el desarrollo de virtudes y permanece atento a evitar o eliminar los vicios en la relación.

El Dr. Richard Fitzgibbons, director del Institute for Marital Healing, Filadelfia (Estados Unidos), propone a las parejas trabajar doce virtudes que les ayudarán a atravesar las dificultades que podrían destruir la relación.

1. Perdón
Reduce el enojo, y es un trabajo exigente para dominar la irritabilidad, porque hay un esfuerzo en tratar de comprenderse a uno mismo y a su cónyuge.

2. Generosidad
Conquistar el egoísmo a través del crecimiento en la entrega. Hay que pensar muchas veces al día, nosotros, no yo.

3. Respeto
Ayuda a superar la necesidad de controlar a los demás, y ayuda a pensar en la dignidad del cónyuge y los hijos.

4. Responsabilidad
Acorta la distancia emocional al comprometerse a proteger al cónyuge de la soledad, la ansiedad, la inseguridad y el egoísmo.

5. Confianza
Calma la ansiedad a través de la fe en la bondad y la protección de Dios y del cónyuge.

6. Esperanza
Reduce la tristeza al confiar en un resultado positivo para los eventos y circunstancias de la vida, especialmente en la lucha con la soledad.

7. Gratitud
Crea confianza a través de la apreciación de los dones que Dios nos ha dado y ha dado al conyugue.

8. Prudencia
Mejora la comunicación, al ayudar a reconocer que decir o hacer en cada situación, y la manera de realizarlo.

9. Templanza
Restringe las compulsiones y la infidelidad al moderar la atracción de los placeres, señala el psiquiatra, al dominar los instintos y los deseos para que sigan siendo leales al cónyuge.

10. Justicia
Evita el divorcio al fortalecer a los cónyuges para que den lo que se le debe a Dios, a su cónyuge y a sus hijos. Es trabajar para enfrentar y resolver honestamente su personalidad y debilidades espirituales.

11. Lealtad
Es un deseo inquebrantable de lo mejor para los demás. Ayuda a reconocer que el único lugar en el que se realiza el auténtico amor humano y la sexualidad es en el matrimonio.

12. Humildad
Ayuda al autoconocimiento, al proceso de abordar las debilidades adquiridas de los padres y los errores que interfieren con el amor y la felicidad conyugal.



[1] Aciprensa, artículo sobre el libro Hábitos para un matrimonio saludable: Una guía para parejas católicas” (Habits for a Healthy Marriage: A Handbook for Catholic Couples) del  Dr. Richard Fitzgibbons. Recuperado el 19-06-2020 de: https://www.aciprensa.com/noticias/como-fortalecer-el-matrimonio-psiquiatra-aconseja-formar-estas-12-virtudes-26999

jueves, 18 de junio de 2020

Encuentro No. 17


MOMENTOS
ENCUENTRO No.17: DETERMINAMOS LOS SIGNIFICADOS PROPIOS DE NUESTRA SEXUALIDAD MATRIMONIAL
DISPONER
(10 minutos)

Iniciamos este encuentro en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

Invocamos la presencia del Espíritu Santo rezando juntos la siguiente oración:


Nos preguntamos:

¿Cómo podríamos definir la sexualidad? ¿Es para nosotros una realidad que refuerza el amor?

Escribimos las respuestas en nuestro “cuaderno de encuentro”.

PRESENTAR EL HECHO
(10 minutos)



La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer como tales. Y esta diversidad – masculina y femenina- hace posible la complementariedad, poniendo de manifiesto la vocación del ser humano a la reciprocidad, al amor, a la donación mutua y a la fecundidad.

Ser padres es comenzar por darnos vida mutuamente como esposos (conyugalidad responsable) para luego poder dar vida a otros (paternidad responsable).

Ser padres no es sólo desencadenar el proceso biológico de la procreación: es acompañar cada vida a lo largo de su proceso de desarrollo hasta su autonomía (educación y el soporte integral).

La siguiente pregunta nos permitirá hacer una reflexión más profunda respecto de los significados propios de la sexualidad matrimonial:

¿Cuál es el significado propio de nuestra sexualidad en el matrimonio?

VER
(15 minutos)

Realicemos un discernimiento que nos permita tener una visión más amplia del significado de la sexualidad en el matrimonio apoyados en las siguientes lecturas:




Concretamos:

Elaboramos en nuestro “cuaderno de encuentro” un esquema sencillo sintetizamos los aspectos centrales de las tres lecturas y lo compartimos al correo prematrimonialvetpm@gmail.com

DISCERNIR
(15 min.)

Discernimos:

Realizamos un discernimiento personal de las siguientes preguntas:

1. ¿Qué significa para mi llegar a ser padre (madre)?
2. ¿Qué prioridades (respecto del trabajo, la profesión, la vida social) pienso dar a la relación personal con nuestros futuros hijos?
3. ¿En qué forma concreta pienso que podríamos compartir su crianza y su educación?
4. ¿Cuáles serán los valores más importantes que debo tener como buen papá - buena mamá?

Luego de nuestro discernimiento personal, compartimos y comentamos sobre las respuestas que dimos a las preguntas anteriores.

Redactamos el acuerdo en nuestro “cuaderno de encuentro” y lo compartimos al correo prematrimonialvetpm@gmail.com

Confrontamos:


¿Qué significado de la sexualidad nos enseña el Señor en Su Palabra?

ACTUAR
(20 minutos)

Respondemos la pregunta que se nos hizo en el momento “presentar el hecho” completando las afirmaciones que se encuentran en seguida:

¿Cuál es el significado propio de nuestra sexualidad en el matrimonio?

Mi sexualidad como mujer en nuestro matrimonio significa:

Mi sexualidad como hombre en nuestro matrimonio significa:

CONCLUIR
(10 minutos)

Le ofrecemos al Señor el significado de nuestra sexualidad leyendo las afirmaciones completas que elaboramos momentos antes y concluimos con el Amén.


Encuentro No. 18

MOMENTOS ENCUENTRO No. 18 : CONFIGURAMOS NUESTRA CULTURA MATRIMONIAL Y FAMILIAR DISPONER (10 minutos) Inicia...